Además de los conceptos fundamentales del Tratado, hay que tener en cuenta que se mezclan y a veces es difícil delimitar tanto el ámbito de las dimensiones como de las variables existenciales. Por ejemplo, comer correspondería con lo biológico, la felicidad con lo espiritual o el estrés con lo social. Pero está claro que se entremezclan como, por ejemplo, cuando vemos la tele, ya que no deja de ser una interacción (dimensión social), también un momento de relax (dimensión biológica) y a veces de pensamiento o reflexión (dimensión espiritual).
Por tanto, mediante el autoanálisis más concienzudo posible y para un plazo determinado (día, semana, mes o año), se trata de distinguir a qué dimensión corresponde cada momento o acción de nuestra vida. Para lo que se puede seguir la regla de distinguir en qué se centra o está ocupada nuestra atención en cada caso. Por ejemplo, al cepillarnos los dientes, no deja de ser una atención al cuerpo, pero normalmente también estamos pensando en nuestras cosas y, dentro de esos pensamientos, unos se refieren a nuestro entorno y otros a nosotros mismos. Por lo que en esta acción rutinaria tenemos que dedicamos atención a varias dimensiones. De ahí que sea conveniente la máxima precisión a la hora de contestar o determinar las asignaciones de las variables a las dimensiones existenciales que aquí se emplean.
INSTRUCCIÓN PREVIA Y BÁSICA
Antes de empezar cualquiera de estas pruebas, hay que elegir y determinar el espacio temporal de referencia y común para todas las variables a medir: un día prototípico, una semana, un mes o un año. Con ello se evita distorsionar los resultados, ya que no serían correctos si, por ejemplo, en una de las variables nos referimos al espacio día y en otra al espacio semana o mes.
Solemos medir nuestra vida en años y etapas (niñez, juventud, adultez o vejez), todas relativas al marcador e indicador del tiempo. De hecho, nuestra vida transcurre segundo a segundo. Por eso se trata de calcular, de la manera más precisa posible, el tiempo dedicado a cada dimensión definida: la biológico, la sociocul-tural y la espiritual.
Lo mismo que pasa con el tiempo, nuestra vida y existencia es energía, la cual se utiliza o distribuye también entre nuestras dimensiones existenciales. Por tanto, se trata de considerar el nivel de energía empleado en cada dimensión, cuánto de la misma "consume" cada una de ellas (puede ayudar recordar los recursos que se "gastan" en cada caso, desde el propio tiempo, la dedicación, el esfuerzo, el interés, etc.).
El ámbito social, el interno y el físico influyen y determinan nuestro estado de ánimo. El cual está presente, conscientes o no, en cada segundo de nuestra existencia, lo mismo que el tiempo y la energía. Así que se trata de considerar y reconocer nuestro estado de ánimo en líneas generales, sabiendo que puede variar a lo largo del tiempo, sea una hora, un día o una temporada. Por tanto, consiste en determinar cuál es el estado general o más común en el espacio temporal elegido de referencia, compilando para ello los diferentes estados (alegría, tristeza, preocupación, etc.) en alguno referencial y común para asignar y medir en las dimensiones existenciales del presente modelo.